LA UNIÓN EUROPEA SE RETIRA DE AFGANISTÁN

He afirmado en muchas ocasiones, con la firme convicción de que no me equivoco, que España es el país de las sorpresas. En la “piel de toro” todo nos sorprende, nos sorprendió “Filomena”, nos sorprendió la pandemia del COVID-19 y todas sus olas posteriores y creo, si no he perdido la cuenta que vamos por la quinta y, si nos remontamos a la historia, los ingleses sorprendieron a nuestra Armada Invencible.

Parece por tanto que la “sorpresa” es un rasgo característico de nuestra cultura porque las estrategias de prevención y planificación no van con nosotros, mejor la famosa “improvisación española”, esa que nos ha llevado a los mayores desastres de nuestra historia.

Tengo que reconocer que cuando ingresamos en la Unión Europea creí que esto iba a cambiar y que aprenderíamos de franceses, holandeses, ingleses y muchos otros que conformaban esa Europa a la que nosotros anhelábamos pertenecer y que nos consideraba poco menos que una prolongación de África. Pues resulta que no ha sido así y lo que ha ocurrido no se cómo interpretarlo.

O les hemos contaminado, o no estaban a tanta distancia y son bastante parecidos a nosotros, o, lo más probable, que no somos más que una organización vacía, una pretensión muy bonita que no acaba de materializarse y no pinta nada en el mundo.

En este artículo me referiré a la Unión Europea como tal, como ente supranacional al que pertenecemos y que se supone que corrige los defectos individuales de cada uno para aportar más capacidad, más poder y más presencia en el escenario geopolítico internacional. Pues bien, a la UE, tal y como ocurriría en España, la retirada de Afganistán le ha pillado por sorpresa, sin un plan, y esto es obvio porque los planes se desarrollan antes de que las circunstancias nos atropellen, se llama PREVENIR.

Y a estas alturas seguro que algunos ya estarán catalogándome de antieuropeísta, o algo parecido, cuestión que no es cierta, pero solo me permito recordarles el espectáculo, holandeses y otros ilustres europeístas huyendo del lugar, abandonando a todos sus colaboradores a su suerte, y españoles, franceses, italianos y otros, enviando fuerzas al lugar para salvar a todos las personas que han podido. ¿Es esta la imagen de la Unión Europea?.

La cuestión señores responsables de la Unión Europea (Comisión Europea cerca de 32.000 empleados), adornados por todo tipo de títulos y por una erudición de la que dan muestras todos los días, no es tan compleja, se diseña para alcanzar el éxito, pero preparándonos para el fracaso. Toda acción exterior debe contener un número de medidas encaminadas a la actuación en el caso de que las cosas no vayan bien, disponiendo así de una capacidad de reacción rápida, vital en situaciones de crisis.

El tiempo de reacción es uno de los elementos que hacen que una crisis no derive en un desastre, en una tragedia como la que estamos observando.

Pero no quiero centrarme en la poca capacidad de nuestros políticos, de lo que dan muestras todos los días, quiero hablar de la retirada de Afganistán y de la ceguera europea, porque va a resultar que los españoles no somos tan tontos y cuando hay que cumplir ahí estamos, en primera fila, mientras otros corren como alma que lleva el diablo, va a resultar que las autoridades europeas deberían pensarse el trato que nos merecemos porque somos una parte vital de que esto salga adelante, sin nosotros este proyecto está acabado. Pero a lo largo de este artículo iré aclarando mis palabras.

El mundo está cambiando y vivimos inmersos en un proceso de globalización y revolución tecnológica que amenaza con cambiar la sociedad que conocemos a una velocidad nunca antes conocida. Nuestro cerebro no alcanza a asimilar todos los cambios que se producen y nos vemos arrastrados a asumir más que entender qué es lo que está pasando.

Pero quizás esto actúe como una cortina de humo ante el elemento más peligroso, la ofensiva de China, Rusia e Irán para desbancar a Estados Unidos como primera potencia mundial y hacerse con el control del planeta, para convertirse en los “nuevos señores” del mundo y convertirnos a nosotros, si los dejamos, en sus nuevos vasallos.

Esta ofensiva tiene alguna característica importante que no debemos perder de vista y es que el triángulo chino-ruso-iraní aúna dos cuestiones importantes, el avance de un nuevo comunismo, en el que China aporta, entre otras cuestiones, su poderío económico y tecnológico, y Rusia aporta su poderío militar, y la posibilidad de hacer una pinza de desgaste al enemigo, a nosotros, con el apoyo al avance del fundamentalismo islámico, encabezado por Irán, y que tendrá como consecuencia un aumento de terrorismo en nuestros territorios.

No debemos dudar de que China y Rusia utilizarán todas las herramientas que tengan a su alcance para debilitar el poder estadounidense y el de sus aliados y nosotros, la UE, somos por ahora sus aliados.

Lo primero que quisiera resaltar es que la retirada de Afganistán es una decisión política, no militar, una decisión continuista de la futura política estadounidense, que ha tocado que la ejecute el presidente Biden pero que igual lo hubiese hecho Donald Trump, porque no es una cuestión de demócratas o republicanos, es una línea estratégica a seguir.

Resumiendo, y simplificando podríamos afirmar que Estados Unidos, ante el empuje del trio en varias zonas del planeta, se retira a sus “cuarteles de invierno” para prepararse para el futuro próximo. Necesita recolocar sus fuerzas militares, reducir gastos e intentar fortalecer aquellos puntos estratégicos en los que la coalición adversaria va a presionarles.

Todos estos movimientos mundiales, trascendentes para nuestro futuro como sociedad, como la sociedad que conocemos actualmente, han pillado a la UE a medio hacer, como diríamos coloquialmente “con el paso cambiado”. Y no será por tiempo, ya que tenemos que recordar que el Tratado de Roma, por el que se constituye la Comunidad Económica Europea, se firmó en el año 1957. Lo que ocurre, al parecer, es que los europeos, la Vieja Europa, somos más de pensar y filosofar que de actuar, somos más de vivir bien que de pensar en el futuro, somos más de regular lo que otros producen que de producir lo que necesitamos.

Y la evidencia de todo ello es que en todos estos años hemos logrado el “euro”, ese es nuestro gran éxito, pero no hemos pensado en un ejército europeo, en una policía europea de verdad, en un servicio de inteligencia europeo, es decir, en fortalecer aspectos necesarios para convertirnos en una potencia con peso específico propio. Todos sabemos que una potencia basa su superioridad en la posesión de poderío:  económico, tecnológico, político y militar.

¿Por qué no hemos avanzado en esos objetivos lógicos para tener peso específico en el mundo?. Pues entre otras cuestiones porque nos entregamos al “Tío Sam” y a su OTAN. Nuestro “primo del zumosol” nos ha convencido durante años que estando ellos no necesitábamos más y solamente teníamos que ayudarles en sus aventuras, aquellas que iniciaban por sus propios intereses y no por los nuestros.

No en vano nos conocen bien porque tuvieron que venir a salvarnos en la I y II Guerra Mundial y nos reconstruyeron con su “Plan Marshall”. También es verdad que su presencia nos ha permitido desarrollar nuestra esencia, que el trabajo lo haga otro mientras nosotros reflexionamos y filosofamos.

Ahora que no estamos preparados, nos toca entender, a la UE, que la retirada yanki tiene dos efectos inmediatos: primero, no nos van a defender porque tienen que defenderse a ellos mismos y, segundo, no van a pagar nuestros gastos porque necesitan los recursos para ellos. Se acabó el chollo. Ellos buscaban sus intereses, pero defendían nuestros “modos y maneras”, nuestro sistema democrático común, nuestro buen nivel de vida, nuestro modelo social.

El mundo, quieran algunos aceptarlo o no, es una constante pugna por el poder, unos luchan para alcanzarlo y otros por no verse sometidos, y algunos como la UE solo aspiran a estar sometidos, pero en el bando adecuado. Muchos afganos, y no me refiero a los talibanes, consideraban a las fuerzas militares como fuerzas de ocupación, pero estoy seguro de que ahora pagarían porque volviesen.

Otra reflexión que me hace afirmar que se trata de una decisión política y no militar es el hecho de que si se hubiese atendido a criterios de inteligencia y militares este desastre no hubiese ocurrido. Teniendo las fuerzas sobre el terreno, con un control prácticamente de todo el territorio, si se hubiese querido, y estoy seguro de que sus servicios de inteligencia militar y civil así lo habrán presentado, se hubiesen desarrollado los acontecimientos en secreto, se hubiese abordado sacar a los colaboradores y sus familias con rapidez, se hubiese llevado a cabo un repliegue ordenado de la fuerza y se hubiese procedido a la salida de esta del país. El problema no ha sido retirarse sino anunciarlo a bombo y platillo y poner a todos los ciudadanos sobre aviso.

El asunto de la evacuación de afganos es un tema que, aunque no sea políticamente correcto, merece una reflexión meditada. El objetivo era poder salvar a los ciudadanos afganos que habían colaborado con las fuerzas militares y sus familias, nada más. No podemos generar un desastre con una decisión política y ahora, por decisión de los mismos políticos, intentar “vaciar” Afganistán. No debemos evacuar ciudadanos afganos para intentar corregir nuestro error ante la opinión pública y así intentar mejorar nuestra imagen.

Hemos generado un drama y, lamentablemente, muchos serán víctimas de ello, porque si queremos ayudar a los afganos lo mejor sería actuar con contundencia y librarles de los talibanes, pero eso creo que no está en nuestra mente.

Otro problema de las evacuaciones es que no basta con traer a personas a cualquier país de la UE, hay que disponer de un plan, tenemos que saber qué hacer con ellos, como ayudarles, como integrarlos, como educarlos, en qué trabajarán, miles de cuestiones que seguro nadie ha pensado. Y no lo afirmó yo, la UE ha reconocido ya, tras la generosa oferta de nuestro presidente para acoger en España a todos los refugiados que fuese necesario antes de repartirlos por Europa, que no tiene ningún plan para los afganos que llegan a España.

Si lo que hacemos es traer ciudadanos afganos pero no tenemos la capacidad de integrarlos dignamente los habremos condenado a formar parte de grupúsculos marginales donde, desgraciadamente, algunos musulmanes se han radicalizado y han ejecutado acciones terroristas en suelo europeo. Es un riesgo que debemos tener en cuenta, nos guste o no, para no llorar después el no haberlo previsto.

El problema grave que tenemos ahora en la UE es que haber seguido como un perrito a los Estados Unidos nos ha dejado solos ante el peligro y sin estar preparados para ello. Tenemos que despertar de este letargo, prepararnos para lo que puede suceder en el futuro, dotarnos de los medios que necesitemos para afrontarlo con solidez, dejar de mirarnos al ombligo y actuar.

Si no aprovechamos esta oportunidad, si no nos unimos de verdad, perderemos el paso de la historia y estaremos condenados a que nuestro territorio pueda volver a convertirse en el campo de batalla de aquellos que luchan por el poder. Si no actuamos con rapidez sufriremos las consecuencias de nuestra apatía en nuestras propias carnes. No duden de que el trio que tenemos enfrente son capaces de utilizar cualquier herramienta para hacernos claudicar y ahora, para nuestra desgracia, lo tienen fácil.

Por último, referirme a que para abordar estas reformas urgentes se necesita valentía y soy bastante pesimista al respecto, primero porque nos pesa mucho la historia de cada país y segundo porque nuestra opinión pública está totalmente aletargada, pensando en otras cuestiones, sin darse cuenta de que si perdemos esta guerra probablemente perderemos todo lo conseguido en siglos de historia. Estamos ante un futuro que puede significar volver a un pasado que seguro ninguno queremos, solo hace falta darse cuenta de que para que esto no ocurra es necesario actuar.

Durante todo el artículo me he referido al fundamentalismo islámico como el peligro y he obviado a China y Rusia. No es que me haya olvidado de ellos, es que creo que ellos ejercerán la dominación por otros medios y serán los fundamentalistas los que nos provoquen el desgaste y el sufrimiento, sin descartar que cuando estemos “tocados” actúen con su potencial militar China y Rusia. ¿Nos ayudará EE.UU entonces?.

Dependerá de si le interesa o no. Estamos ante un momento histórico, ante un momento en el que es necesario posicionarse y es mejor que lo hagamos como UE, que nos decidamos a ocupar el puesto que nos corresponde en el mundo, y no que nos sitúen los demás en el lugar que les interese a ellos. Lo que sí me gustaría, creo que nos lo merecemos es que, si tomamos la decisión de avanzar todos juntos, España esté en el lugar que le corresponde, porque nosotros no corrimos como hicieron otros, asumimos nuestro papel y nuestro riesgo.

Me gustaría despedirme con algo que un profesor me contó hace ya algún tiempo. Era un profundo conocedor del terrorismo islámico y me dijo que estábamos perdidos porque tenían tres ventajas sobre nosotros:

  • Están convencidos de que están en guerra con nosotros mientras que nosotros no estamos convencidos de que estamos en guerra con ellos.
  • Su objetivo es eliminarnos, somos infieles.
  • Están dispuestos a morir en el intento.

Creo que mi profesor no iba en absoluto desencaminado.

Jorge Gómez

CEO en High Strategies Intelligence Consulting

 

 

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